Miedos
y
superhéroes

¿Por qué tenemos miedo?

El miedo es inevitable en la existencia. Permite que las personas nos adaptemos tomando precauciones frente a la realidad como, por ejemplo, cuando una persona se enfrenta a alguna situación en que debe tomar conciencia de sus actos. 

Sin embargo, según Neva Milicic en su libro A ser feliz también se aprende, el miedo se vuelve desadaptativo cuando logra paralizarnos o cuando es desproporcionado a la situación real.

“El miedo es una reacción natural ante un acto de peligro: es una sensación desagradable que se apodera de nosotros. el miedo es muy útil porque nos protege.” ¿Qué es lo que nos da miedo? Hay muchas veces que esta emoción se apodera de nosotros y nos va quitando espacios. Entonces la pregunta es, ¿cuánto miedo nos da eso que nos impide avanzar? ¿Qué es lo que puede pasar? ¿Es preferible seguir sintiendo miedo? Evidentemente pueden existir situaciones en las que es muy necesario cuidarse, y hay que escuchar ese sentimiento, ya que nos protege de peligros. 

Es muy importante que aprendamos a reconocer los peligros desde la infancia para enfrentarse a ellos con una adecuada toma de conciencia. Sin embargo, según Neva Milicic, cuando los miedos se convierten en fobias frenan el desarrollo psicológico. Al mismo tiempo, plantea que los niños y niñas preescolares sientan miedo es algo propio de su desarrollo. Sin embargo, se vuelve necesario entregarles tranquilidad, serenidad y enseñarles a desarrollar una actitud positiva frente a la vida. 

Según Macarena García en el libro Enseñando a sentir, las asociaciones que hacen algunos libros que hablan de educación emocional contienen afirmaciones como “cuando sientes miedo, te vuelves pequeño y poca cosa… y crees que no podrás hacer lo que se te pide. El miedo es cobarde. Se esconde y huye como un ladrón en la oscuridad”. Este tipo de discursos contribuye a convertir a la emoción en algo negativo. Al contrario, el miedo no debe ser evitado, ya que no existen emociones negativas ni positivas. 

Las emociones pasan. La clave está en aprender a gestionarlas, ya que aparecen con frecuencia en el desarrollo de la infancia y de la vida.

Según Milicic, alrededor de los dos años, es muy común que  niños y niñas sientan miedo frente a lo desconocido, ya que se sienten protegidos en el ámbito familiar, por esto es aconsejable acompañarlos en sus salidas a estos espacios nuevos hasta que tomen confianza. Por ejemplo en el ámbito escolar es recomendable que los adultos logren conectar con los más pequeños, agachándose a su altura para generar ese grado de cercanía. 

Entre los cuatro y seis años, es posible que existan miedos a situaciones más específicas como: la oscuridad, los perros, los fenómenos de la naturaleza; y muchos de estos miedos son aprendidos. Según Milicic “el temor es una de las emociones más contagiosas; bastará que la mamá tenga miedo a los perros para que el niño lo adquiera”.  Por esta razón la psicóloga plantea que se hace necesario presentarle una imagen confiada y abierta del mundo, sin minimizar sus emociones. Acompañarlos y darles confianza es una de las estrategias que puede ayudar a calmar la ansiedad y ayudarles a llevar esta emoción. 

¿Qué podemos hacer para ayudarles a identificar esta emoción?

Primero que nada, conectar con su emoción. Esto implica no minimizar su sentir, escucharles y buscar estrategias para poder manejar la ansiedad.

Los autores Tyna Payne y Daniel J. Siegel en el libro Disciplina sin lágrimas, plantean que abordar las necesidades emocionales de los niños y niñas es el enfoque más eficaz para cambiar su conducta con el tiempo, así como para desarrollar su cerebro de una manera que les permita desenvolverse mejor a medida que van creciendo.

Cuando los niños son pequeños podemos explicarles cómo reacciona nuestro cuerpo ante un episodio de miedo: “Cuando creemos que algo puede ser peligroso, sentimos miedo. El miedo hace que abramos mucho los ojos y que despeguemos los labios. Puede provocar temblor, que nuestro corazón vaya a mil y que comencemos a sudar. Si estamos temerosos nos bloqueamos y somos incapaces de pensar en otra cosa”.

Un superhéroe de verdad

En el caso de Hay un superhéroe en el jardín, el protagonista de la historia le teme a las abejas porque alguna vez tuvo una mala experiencia con ellas, y tal vez el zumbido se lo recuerda constantemente. El miedo no le permitía gozar del jardín y la naturaleza. 

Este niño al descubrir la importancia de las abejas y qué es lo que ocurriría sin ellas, decide salvarlas, dejando su miedo atrás, actuando desde la resiliencia cuidándolas y promoviendo su existencia. 

¿Quiénes son los superhéroes reales?, les preguntamos a distintos niños y niñas de colegios de Puente alto, San Joaquín y Cerro Navia. Todos ellos concordaron que el superhéroe es alguien que hace algo para salvar a los demás, cuidar a la naturaleza y a los desvalidos. En este caso, el superhéroe es el niño que logra vencer sus propios miedos por el bien de todos, el cuidado del medio ambiente, sin dañar al resto. 

Es interesante ver cómo los niños se escudan en figuras heroicas que destruyen ciudades “por el bien de los demás” en vez de hacerse cargo de sus miedos y temas personales. Se vuelve relevante hablar con las nuevas generaciones de cómo las acciones que tomamos  desde y hacia nuestra persona puede contribuir a una comunidad, comprendiendo que somos parte de un ecosistema donde habita la diversidad de seres y personas y que cada uno aporta desde su lugar.

Bibliografía

Bravo Olguín, Francisca (2021) Hay un superhéroe en el jardín. Akanni Ediciones.

García Gonzalez, Macarena (2021) Enseñando a sentir. Repertorios éticos en la ficción infantil. Ediciones Metales Pesados. 

Issern, Susanna, (2016) El emocionómetro del inspector Drilo, Identifica, mide y regula tus emociones. Editorial Nube ocho. 

Milicic, Neva. (2014) A ser feliz también se aprende. Guía para la educación del niño de 2 a 6 años. Editorial Grijalbo.

Siegel, Daniel J. y Payne, Tina.(2015) Disciplina sin lágrimas. Ediciones B  

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