¿Por qué mediar libros?

Libros simples, lectores simples

Hay libros que se pueden leer sin mayor ayuda. No requieren mayor asistencia, pues el vocabulario es simple tiene muchas imágenes y pocas palabras. Nada muy complejo.

¿Te has encontrado con este tipo de libros?

Si nos dedicamos netamente a entregar este tipo de obras a nuestras niñas y niños, lo más probable es que nos quedaremos con lectoras y lectores incapaces de profundizar y por ende sin mayor interés por ir más allá. 

Ir un poco más allá

Con una figura que acompañe a las y los lectores en sus experiencias lectoras, por más “simple” que se vea el libro, y les inviten a desarrollar la observación y la curiosidad, estas pequeñas personas en formación naturalmente sentirán que el libro es un objeto que entrega más que palabras e imágenes.

Más aún: si el compartir una lectura se convierte en un momento grato y entretenido, el libro se asociará inconscientemente a un vínculo amable de compartir y de pasarlo bien.

Los primeros pasos son muy simples

En muchas ocasiones, el término “mediador de lectura” puede sonar aterrador, o que hay que ser profesional del área para cumplir con el rol. Pero, ¡calma!, el primer paso es muy simple: facilitar la cercanía a los textos. Una madre, padre o persona cercana que se acerca con libros a una niña o un niño ya está cumpliendo con la base. Pueden ser libros de una biblioteca, prestados, intercambiados o comprados; basta con que haya un ambiente amistoso que rodee a las niñas y niños de libros.

Ya tengo los libros. ¿Ahora, qué?

La invitación es a mantener una experiencia amable y grata, que fomente la conversación y en que todas las personas que participen puedan expresarse y tener espacios de observación. No apuremos la lectura; si la niña o el niño quiere ver las imágenes más de una vez, o por más tiempo, respetemos su tiempo: no hay apuro. Podemos intencionar algunos temas, pero idealmente no forzarlos; disfrutemos el momento de lectura para que la conversación fluya naturalmente.

¿Y de qué sirve todo esto?

Estas experiencias, por más pequeñas que se puedan ver, son totalmente significativas: crean puentes entre niños, niñas y libros; y al generar estos vínculos, aportan a crear a personas con un pensamiento más crítico, curiosas, activas intelectualmente, y con todos los beneficios que trae la lectura. 

¿Sabías que hay libros para todos, todos los gustos? Lo más probable es que quien dice que no le gusta leer es porque no ha dado con su tipo de lectura. Libros, periódicos, novelas, libros de estudio… ¡las posibilidades son infinitas! Y desde pasatiempos hasta estudios profesionales, nos pueden ayudar a pasar un buen momento o a convertirnos en personas creativas que inventan nuevos objetos.

¡Anímate a buscar libros para tus niñas, para tus niños, y para ti! 

Y no lo olvides: mediadores somos todas y todos, solo que la práctica nos va haciendo cada día mejores.

 

Bibliografía

Sains González, L. M. (2005) “La importancia del mediador: una experiencia en la formación de lectores”. Revista de educación, Extraordinario, 357–362. https://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:6b0f353a-c606-4d92-87d6-0793ebed3224/re200524-pdf.pdf

Munita, F. (2021, 10 mayo). “El camino de la mediación lectora. Partamos por el principio”. Viva Leer. Recuperado 14 de junio de 2022. https://vivaleercopec.cl/reportajes/el-camino-de-la-mediacion-lectora-partamos-por-el-principio/

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